miércoles, 2 de diciembre de 2009

COMO DOS ADOLESCENTES



La mirada hacia ninguna parte, la comisura de los labios cerrada a la sonrisa y el corazón con sonido acompasado me acompañan junto a mi fiel amigo "Rocco" en este atardecer otoñal.


Hace apenas unos instantes he dejado las labores de la tierra. El sonido intermitente del teléfono móvil con una canción muy significativa de la cantante Malú llama mi atención pero cuando consigo localizar el dichoso aparato revuelto junto a tornillos y alguna tuerca que ocupa gran parte de mi bolsillo, la dulce melodía ha dejado de sonar, y su acompasado ritmo da paso a otro sonido menos agradable anunciando un mensaje: "una llamada perdida" Es mi chica, mi compañera, la madre de mis dos hijos, entre los dos tenemos una contraseña, bueno más que una contraseña es tratar de llamarnos a unas horas determinadas para que la factura del teléfono sea menos costosa; son las siete de la tarde y ahora le corresponde por la franja horaria que tenemos contratada, llamarme ella a mí, espero y no pasa mucho tiempo en sonar de nuevo la canción de Malú.
Solo unos minutos de conversación pero muy gratificantes, a veces necesito mi soledad, pero el sonido de su voz me transporta y me llena. Ya no somos unos adolescentes pero su voz jovial me recuerda nuestros mejores momentos:



COMO DOS ADOLESCENTES

Los peces se agitan
en masa a la orilla del acantilado
al notar tu presencia, nuestra presencia.
La medusa a veces blanca
a veces transparente, nos saluda
y con su danza nos invita al diálogo.
No suenan las palabras.
Los pensamientos se agolpan
y nuestras miradas hablan de deseo.
-Que tranquila está la mar
-Cuidado, no vayas a resbalar.
Tiendo mi mano y noto tu piel suave, apetitosa.
Tu mano insinuante me acaricia.
Como dos adolescentes es nuestro comportamiento,
te excitas con mis caricias y suspiras con anhelo.
¿Dónde estás? ¿Ha sido un sueño?
Te guardo en mi pensamiento y te imagino a mi lado
mis caricias, tu silencio; no es un sueño.
Junto a aquel acantilado donde hablaron las miradas de deseo
estuvimos abrazados como dos adolescentes.
Mis caricias, tus suspiros, nuestro anhelo.
La brisa golpea mi rostro y mi mirada se pierde
en la lejanía del horizonte.
Recuerdo las palabras que no suenan,
las miradas de deseo y siento nostalgia
de lo que pudo ser y no fue.
Los peces ya se han marchado.
La medusa ya no baila y yo sigo esperando,
tu voz despierta el interior de mis pensamientos
y nuestras miradas hablan de deseo incontenido.
Nuestras manos se envuelven en una caricia
y nuestros cuerpos se arrullan en un abrazo intenso, caluroso.
Como dos adolescentes es nuestro comportamiento.
¿No es hermoso?
Te excitas con mis caricias y suspiras con anhelo.
Ahora se que eres real.
Mis caricias, tu silencio … No es un sueño.

Anbairo




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