jueves, 3 de diciembre de 2009

MI CAJA




Cuanto tiempo ha pasado desde entonces y cuantos sinsabores a lo largo de mi camino, de mi difícil camino. Pero no todo ha sido negativo, hay momentos de mi vida a los que no renunciaría jamás y bien sabe Dios que volvería a pasar por esos dificiles momentos si con ello volviera a disfrutar de lo que la vida ha pueso a mi alcance aun sabiendo el daño que me causa tan solo recordarlos.
Si alguien me preguntase: ¿Eres feliz?, mi respuesta ante tan comprometida pregunta sería : ¿Qué es la felicidad?. Lo que si tengo muy claro es que me siento muy afortunado. Tuve unos padres que lo dieron todo por mi, que me educaron, que me ofrecieron su tiempo y su amor incondicional y una gran caja llena de buenos recuerdos, llena de buenas acciones y sobre todo llena de amor por y para la familia.






MI CAJA

Tengo una caja guardada
desde hace mucho tiempo
fue regalo de mis padres,
y en ella guardo recuerdos,
enfados y antipatías,
penas y remordimientos,
sentimientos y alegrías.
Cuando me dieron la caja,
mis padres fueron metiendo
cosas para que guardara,
y quiero darles las gracias
pues con el paso del tiempo,
la caja se me llenó,
de amor, de dicha, esperanza
de alegría y de ilusión.
Siempre la llevo conmigo
y su mejor recuerdo: Su ejemplo.
Ahora comparto mi caja
con mi esposa y con mis hijos,
con las personas que quiero,
mis conocidos y amigos,
pero la caja se llena y
otras veces se vacía
y de dolor se resiente,
por el llanto, la alegría,
las emociones continuas
que nos produce la vida.
Ahora mi caja no es nueva
porque tiene mucho tiempo.
Del uso está desgastada
pero es la única que tengo
y aunque tenga rozaduras
sigue llena de ilusión.
Es la que mueve mi vida,
donde guardo mis recuerdos,
donde guardo sentimientos.
Mi caja: mi corazón.



Anbairo

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

COMO DOS ADOLESCENTES



La mirada hacia ninguna parte, la comisura de los labios cerrada a la sonrisa y el corazón con sonido acompasado me acompañan junto a mi fiel amigo "Rocco" en este atardecer otoñal.


Hace apenas unos instantes he dejado las labores de la tierra. El sonido intermitente del teléfono móvil con una canción muy significativa de la cantante Malú llama mi atención pero cuando consigo localizar el dichoso aparato revuelto junto a tornillos y alguna tuerca que ocupa gran parte de mi bolsillo, la dulce melodía ha dejado de sonar, y su acompasado ritmo da paso a otro sonido menos agradable anunciando un mensaje: "una llamada perdida" Es mi chica, mi compañera, la madre de mis dos hijos, entre los dos tenemos una contraseña, bueno más que una contraseña es tratar de llamarnos a unas horas determinadas para que la factura del teléfono sea menos costosa; son las siete de la tarde y ahora le corresponde por la franja horaria que tenemos contratada, llamarme ella a mí, espero y no pasa mucho tiempo en sonar de nuevo la canción de Malú.
Solo unos minutos de conversación pero muy gratificantes, a veces necesito mi soledad, pero el sonido de su voz me transporta y me llena. Ya no somos unos adolescentes pero su voz jovial me recuerda nuestros mejores momentos:



COMO DOS ADOLESCENTES

Los peces se agitan
en masa a la orilla del acantilado
al notar tu presencia, nuestra presencia.
La medusa a veces blanca
a veces transparente, nos saluda
y con su danza nos invita al diálogo.
No suenan las palabras.
Los pensamientos se agolpan
y nuestras miradas hablan de deseo.
-Que tranquila está la mar
-Cuidado, no vayas a resbalar.
Tiendo mi mano y noto tu piel suave, apetitosa.
Tu mano insinuante me acaricia.
Como dos adolescentes es nuestro comportamiento,
te excitas con mis caricias y suspiras con anhelo.
¿Dónde estás? ¿Ha sido un sueño?
Te guardo en mi pensamiento y te imagino a mi lado
mis caricias, tu silencio; no es un sueño.
Junto a aquel acantilado donde hablaron las miradas de deseo
estuvimos abrazados como dos adolescentes.
Mis caricias, tus suspiros, nuestro anhelo.
La brisa golpea mi rostro y mi mirada se pierde
en la lejanía del horizonte.
Recuerdo las palabras que no suenan,
las miradas de deseo y siento nostalgia
de lo que pudo ser y no fue.
Los peces ya se han marchado.
La medusa ya no baila y yo sigo esperando,
tu voz despierta el interior de mis pensamientos
y nuestras miradas hablan de deseo incontenido.
Nuestras manos se envuelven en una caricia
y nuestros cuerpos se arrullan en un abrazo intenso, caluroso.
Como dos adolescentes es nuestro comportamiento.
¿No es hermoso?
Te excitas con mis caricias y suspiras con anhelo.
Ahora se que eres real.
Mis caricias, tu silencio … No es un sueño.

Anbairo